Libro “Mujeres que corren” con lobos de Clarissa Pinkola Éste

Un cuento de lobos.

Verano de 2.013, quizás las 11 de la noche, luego del típico “aperitivo” y una excelente cena con los amigos de Sara e Ilaria llegamos a casa de esta última, a pesar de tener casi un mes en Italia aún sufría de “síndrome da fuso orario” o “Jet lag”, no fue nada fácil acostumbrarme a tener luz solar hasta las 8 o 9 de la noche y el calor me cansaba ante cualquier esfuerzo mínimo que hiciera.

Era un apartamento en un edificio quizás de 3 o 5 pisos no lo recuerdo, llegamos al último piso, había una excelente vista hacía la ciudad de Roma desde una amplia azotea, mientras ellas conversan y preparan un cigarro yo salgo para aprovechar lo fresco que estaba la noche, la vista era genial, no recuerdo que parte de la ciudad era.

Llegó a mi cabeza el relato y la imagen de aquel emperador, Nerón, que en el verano del año 64 quemó a Roma, también recordé aquella lección del bachillerato donde tuvimos que estudiar el imperio romano y sobre todo la fundación de su ciudad capital, esa ciudad que ese año contemplaba, igual que Nerón desde una azotea, esta vez sin fuego pero si con muchas luces.

Dice la leyenda que la ciudad fue fundada por abril del 753 AC, sus fundadores fueron Rómulo y Remo, gemelos que sobrevivieron gracias a una loba quien los amamanto en el monte Palatino, una de las siete colinas de Roma. A estos gemelos habían ordenado asesinarlos para evitar que tomaran el trono en la decadencia del imperio griego. Quien puso el nombre a la ciudad fue Romulo luego de una disputa y posterior asesinato de Remo, resulta fascinante estar en un sitio histórico y recordar lo leído o estudiado.

Sara e Ilaria tenían un revuelo en lo interno del apartamento, conversaban casualmente (ya empiezo a dudar de las casualidades) de lobos.

El revuelo de las chicas era por la devolución que hizo Ilaria a Sara de un libro que le había prestado 10 años atrás, el libro en cuestión: “Mujeres que corren con los lobos” de Clarissa Pinkola Estés, psicóloga jungiana mexicana de raíces polacas y que en mi mundo de hombres nunca había escuchado, pero que cuenta con un gran aporte en el “salvaje mundo femenino”.

En diciembre de 2.013 Sara me obsequia el libro pues lo encontró de casualidad en la estantería de una librería, contenía una nota que dice:

“Cuando estuvimos en Roma Ilaria me devolvió este libro después de diez años. Coincidimos que todas las mujeres inteligentes deberían leerlo pero que aún más los compañeros de todas las mujeres salvajes y brujitas como nosotras deberían leerlo”.

Coincido en su totalidad con Sara e Ilaria, el libro brinda una excelente terapia a las mujeres latinoamericanas que han tenido que pasar por innumerables crisis, guerras existenciales, sicológicas, traumas sociales, maltratos y ¡vaya! Que tenemos casos.

En enero de 2.014 leí el libro sin embargo creo que el hombre lo digiere en la medida que pasan los años y sobre todo si reflexiona y mantienes abierto su mundo y expectativas al mundo “salvaje” que explica Clarissa en su libro. Ese “mundo” no es precisamente el feminismo que hoy raya en lo partidista.

No me cabe la menor duda que mi madre, Teo, fue una de esas mujeres “salvajes” que “corrió con los lobos”, Clarissa clasifico a las mujeres guerreras en un selecto grupo dándole el merito que les corresponde, llamo a ese grupo el “Clan de la cicatriz”.

Teo y el clan de la cicatriz.

Cuando muere María del Rosario los 7 hermanos Fernández quedan huérfanos, Don Pablo se hizo de la vista gorda. Teo asume el papel de madre y padre en el seno de la familia, con apenas 15 años toma control de sus hermanos y ejercer acciones que los llevasen a liberarse del ciclo de pobreza al que estaban condenados.

A pesar que la familia tenía un pedazo de tierra apta para la siembra y el trabajo en Pueblo Nuevo del Sur, el abandono del campo en plena oleada migratoria interna era la única opción en aquellos años 60. Desde los tiempos de Pérez Jiménez resultaba más económico importar que producir, los campesinos fueron olvidados, los servicios de salud, vialidad, educación e incentivos a la agricultura eran nulos.

Quienes vieron la familia Fernández de seguro suspiraron al compararlos con películas mexicanas exitosas de la época con nombres tan sublimes como “Nosotros los pobres” de 1948 (director Ismael Rodríguez) o mejor aún el filme de Luis Buñuel de 1950 “Los olvidados” (ubicado en el segundo lugar del top 100 de las mejores películas de la época de oro del cine mexicano) que relatan la vida trágica y realista de un grupo de niños pobres en Ciudad de México, estas películas, como lo hicieron los libros en otra época, son recursos del arte y la cultura que hacen una fotografía exacta de nuestros pueblos, mas de 80% de la población venezolana vivía en la pobreza.

El trabajo infantil (ese que en la actualidad nos escandaliza) era una realidad cotidiana en la Venezuela de mediados del siglo XX, las vivencias a tan temprana edad tuvieron que haber dejado muchos secretos, dolor y sufrimientos en Teo, su papel de matriarca daba inicio.

Rescatada cual Cosette, inconsciente de su papel matriarcal, Teo inicia el rescate de sus hermanos, sobre todo los mas chicos, Teresa y Urbano; logro conseguir mejores “casas de familia para trabajar” donde le honraban su trabajo y de alguna manera le entendían las miserias que vivía, en la medida que conversaba con los dones y doñas del momento lograba ubicar a cada uno en puestos de trabajo llegando a un acuerdo tácito de que Jacinto, el mayor, se quedara de como custodio de las tierras.

Juan Crisostomo Fernández

Andres, Octaviano y Juan son traídos a Mérida en 1.969, la desgracia seguía haciendo muecas a Teo, y en Carnaval de ese año durante la celebración de la Primera Feria del Sol Juan muere en medio de un accidente de tránsito (en memoria de él yo recibo su nombre al nacer). Florencio, Teresa y Urbano llegan a Mérida en 1.970, cada uno fue traído a la pequeña ciudad de Mérida para que estudiaran mientras Teo, cual Marie Curie, trabajaba duro para apoyarlos y brindarles el apoyo sicológico y moral tan necesario en los niños.

La vida de Teo era como un despeje del cielo después de una tormenta, un respiro en medio del asedio a su vida de niña-mujer, trabajó mucho, y lo hizo en lo que aprendió quizás de manera natural, dar amor, confianza, protección, limpieza y mucho calor a los hogares donde iba.

En su trajinar conoció a la Señorita Diomira y su hermana quienes acobijaron al pequeño Urbano mientras que rescato a Teresa, la menor, que había sido “regalada” a otra familia de Pueblo Nuevo, los varones resolvían su vida y buscaban la manera de sobrevivir.

Teo se instala junto a Teresa en casa de la familia Rondón García, otra familia de inmigrantes campesinos, un poco más consolidada y que le permitió a Teo establecer su familia de manera definitiva. Allí conoció a Bartolo, compañero de vida quien, a pesar de la profunda cultura machista de nuestra sociedad, acepto a Teo como matriarca, compartiendo sus responsabilidades, equivocándose también en algunas oportunidades (al matrimonio no se llega con un manual) pero que, como veremos más adelante, fue fundamental en la estructuración definitiva del legado de Teo.

Secretos revelados

Nos dice Clarissa en su libro “mujeres que corren con los lobos” que

Los secretos que oculta una mujer son casi siempre dramas heroicos convertidos en una tragedia que no llevan a ninguna parte.

El hecho de haberlos superado es un triunfo del profundo espíritu salvaje.

Esos secretos son las cicatrices y la mujer empieza a liberarse de esos pesos inútiles en la medida que los llora y los cuenta, los transmite.

Define Clarissa entonces a ese exquisito grupo de mujeres del cual vengo hablando desde el inicio de este relato:

Para las mujeres las lágrimas son el comienzo de la iniciación en el Clan de la Cicatriz, esta tribu eterna de mujeres de todos los colores, naciones y lenguas que, a lo largo de los siglos, han sobrevivido a algo muy grande, lo hicieron con orgullo y lo siguen haciendo.

Teo era una cuenta cuentos, lloraba a solas, de vez en cuando era sorprendida por nosotros sufriendo las desgracias de “María la del barrio”, “La hija de nadie”, “Gata salvaje” y otra cantidad imposible de recordar de películas mexicanas de la época de oro, hoy entiendo porque veía esas películas y novelas una y otra vez, de esa manera hacía un ejercicio fundamental para superar desgracias, era ver su vida desde el otro lado de la acera, era ver los sufrimientos y desgracias de los cuales había logrado escapar.

Si hay algo que aprendí, quizás un poco tarde, fue a no juzgar. Juzgar te convierte en juez, te da la oportunidad de asumir una autoridad que no tienes, pues tu, igual que a la persona que vas a juzgar, has cometido errores, eres humano con defectos y virtudes. Es importante lo que Teo dijo, pero más importante aún es lo que calló. A pesar de mis preguntas y algunas insistencias Teo nunca hablo mal de su papá, de Don Pablo Quintero, nunca lo juzgo. Lo que sintió por él se lo llevo a la tumba. Callar también alivia el dolor, quizás algún día sepamos si le comento a alguien sus sentimientos hacía su papá.

Las lagrimas y el desahogo del cuento son parte de la terapia del Clan de la Cicatriz, voy entonces a relatar algunos de los cuentos que ella nos dijo, fueron su memoria y marcaron su época, digno es recordar y si es el caso, perdonar.



Ubicación del sector El Hatico en GoogleMaps https://goo.gl/maps/r5kYSP4RepD8877V9

Los 15 de Teo.

Marzo da la bienvenida a las primeras lluvias de la temporada de invierno, comienza así una confusión de olores, sabores, polvo, humedad, inicia la eclosión de larvas, se asoman nuevas vidas.

Pueblo Nuevo del Sur empieza a luchar también por cambiar de color, cual serpiente en su intento por cambiar de piel, la piel del campo lucha por hacerse verde y dejar el amarillo arcilla que ofrecía un ambiente otoñal perpetuo.

En el sector “El Hatico” de Pueblo Nuevo se prepara una puja que a imitación de la naturaleza exterior, clama por hacerse vital, María del Rosario inicia su trabajo de parto desde la madrugada de aquel domingo 5 de Marzo de 1950, quizás en cada feto exista una energía que le incite a escoger la fecha de su nacimiento, sugerente hipótesis que me atrevo a dar tomando en cuenta las coincidencias numerologícas a las que nos acostumbro Teo en vida, quizás la decisión de salir ese 5 de Marzo fue exclusiva de Teo, pues sus decisiones marcaron pauta en su vida y en quienes la compartieron con ella.

A las 8 de la mañana se escucha el llanto indicador del feliz nacimiento, la matrona le dice a María

¡Es niña!

María lo sospechaba, la forma de la barriga, las formas en que llevo el embarazó, y sobre todo las apreciaciones que daban las mujeres de su aldea, le decían, “va a ser una hembra”.

No sabemos si Teo representaba una esperanza para reafirmar el amor hacía el hombre que la dejo encinta, estaba el riesgo de que ese hombre, Don Pablo Quintero, terminará dejándola definitivamente; como en todo juego de la vida, María del Rosario asumió el riesgo y trajo al mundo a ese vástago producto de una unión carnal.

El lugar donde nació Teo no era para nada un sitio aséptico, lleno de especialistas médicos y medidas sanitarias especiales, ¡no!, era un sitio lleno de magia cultural, de conocimientos ancestrales que por muchos años han traído al mundo miles de niños de manera sana, solo una partera sabe como hace esos milagros, en mi familia tuvimos la oportunidad de conocer y ver esas magias con mi abuela Saturnina, mujer llena de ese aura que le ofrece la naturaleza solo a quienes practican esa formidable tarea, la de partera y curandera.

Es mejor no recordar.

1.950 lleva la impronta de la apertura de nuestras fronteras a una fuerte migración europea que escapaba de la miseria que produjo la primera y segunda guerra mundial, también marca la consolidación de una gran migración interna, el campo estaba siendo abandonado, con igual o superior dolor de aquellos migrantes europeos, el migrante venezolano dejaba atrás esperanzas y sueños para unirse a los miles que invadirían grandes zonas en las periferias de ciudades como Caracas, Valencia y Maracay.

A María le avasalló una avalancha de sucesos, quizás era de esas mujeres que crecieron “queriendo creer” que el mundo era perfecto, pero la Venezuela de los 50 distaba mucho de esa perfección, menos aún para las mujeres del campo, la mujer es quien más sufre en épocas o tiempos de guerra y crisis, es ella quien debe llevar el peso de sus hijos, de alguna manera el hombre, sobre todo en una sociedad machista, se desentiende y en el caso de aquellos con sentido de responsabilidad se encargan solo de proveer. La madre lleva encima una terrible carga de sostenimiento emocional hacia sus hijos, dicha carga se hace doblemente pesada si debe atender a una niña.

Aunque no conocí a María del Rosario, tengo claro que uno es la imitación de lo que ve de chico, los primeros años de vida te marcan en carácter y destino, a quien conocí fue a Teo y seguro estoy que gran parte de su forma de ser en vida tuvo que ser una copia casi fiel de su mamá, el fenotipo no se pierde, menos aún cuando se trata de supervivencia, y esa era la situación en que se encontraba la familia de María del Rosario.

Hoy estoy en paz con aquellas ganas de conocer a mi nona por parte de mi madre, hasta hoy me doy cuenta que conviví con ella durante todos mis años de vida, Teo era esa mujer que tuvo que abandonarla a ella y a 7 hijos más en plena etapa de la adultez productiva.

Teo hablo poco de su etapa de niña, a veces es mejor no recordar para evitar llorar, solo sabemos que a los 9 años de edad, por allá, por 1.959, María del Rosario decide enviarla a la ciudad con la promesa de educación y trabajo, DOÑA Ramona busca frenéticamente en el campo una muchacha de servicio para su casa, hace la mejor oferta, cual subasta en mercado de niños.

María del Rosario no ve otra alternativa, 8 bocas que alimentar, los continuos abandonos de sus pretendientes amorosos, los inicios de su enfermedad le hace tomar la difícil decisión de llevar a Teo a casa de DOÑA Ramona en la ciudad de Mérida.

Caprichos del destino o magia numerologica, sábado 5 de septiembre de de 1.959, Teo es arrebata del seno familiar en medio de una fuerte lluvia que azotaba las laderas de Pueblo Nuevo del Sur, lagrimas caían de su rostro al ver a sus hermanos alejarse: Jacinto, Octaviano, Florencio, Andrés, Juan, Teresa y Urbano. María del Rosario aguantaba los suspiros que la harían llorar, solo tenía fe en su dios de que la partida de Teo le diera una mejor oportunidad de vida distintas a la que iban a tener sus hermanos en el campo.

Solo faltaban seis años para los 15 de Teo, esa conmemoración que marca en las niñas un antes y un después, para la fecha no la era la excepción, las promesas de estudio hechas por Doña Ramona hacían que María del Rosario durmiera un poco mejor, entregar un hijo no debe ser nada fácil.

Nuestras miserias, las mismas de la Francia del siglo XIX

Cosette

Cosette es humillada, explotada, sub alimentada, su refugio una muñeca de trapo, uno de los momentos más tristes que recuerdo de la novela Los Miserables de Victor Hugo, es cuando la niña Cosette en mandada a buscar agua a la fuente cercana a la casa, allí inicia su rescate.

La vida de Teo no fue muy diferente a la de Cosette, hay que leer el mencionado libro para entender y llorar las miserias de una niña alejada de sus padres bajo promesas de mejores vidas.

Los Dones y las Doñas parecen que competían por hacer más miserables la vida a los pobres en buena parte del siglo XX, Don Pablo Quintero y Doña Ramona comparten el primer lugar en la escala de Victor Hugo como personajes llenos de odio y en los que visualizo Francisco Herrera Luque aquella “herencia indeseable”.

Teo fue maltratada, nunca se le brindo la oportunidad de estudiar cómo debía, de hecho, las veces que asistía a la escuela se encontraba a gusto pues sus maestras la trataban como gente, nuevamente es mejor no recordar para no llorar.

María del Rosario se entera del estado de esclavitud de su hija y retorna a la ciudad a enmendar su error, le arrebata al horror a Teo, como Jean Valjan arrebato a Cosette en la Francia de 1.820.

Seis años de duro trajinar entre familias que quisieran darle una oportunidad verdadera a Teo, 1.965 llega haciendo de Teo una mujer en cuerpo de niña, una mujer que se ha saltado esa fase necesaria de crecimiento entre sus iguales de edad, de juegos, de travesuras, de enamoramientos tempranos, de abrazos del padre, del ejemplo familiar,  los 15 años la consiguen trabajando en casa de familia, asumiendo el papel de madre pues María del Rosario con 42 años muere el 28 de septiembre de 1.965 producto de un terrible cáncer de útero, la esperanza de vida de los venezolanos en aquella época era de 50 a 55 años, una muestra de la miseria en que vivía el país a pesar de la opulencia perezjimenista.

Honores especiales a mi nona María del Rosario Fernández Márquez, hija de Mauricio Fernández y Jovina Márquez. Fallece el 28 de Septiembre de 1.965 en El Hatico, Pueblo Nuevo del Sur, estado Mérida, Venezuela. Madre de Jacinto Fernández, Teofila Fernández, Octaviano Fernández, Andrés Fernández, Florencio Fernández, Juan Fernández, Teresa Rodríguez Fernández, Urbano Fernández y Teresa Fernández quien muere siendo muy niña y a quien no se logro registrar.

Teo, la vida en un suspiro. Parte I.

Publicado: 15 junio, 2019 en Comunidad
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Pueblo Nuevo hoy

Cuando te das cuenta que el tiempo ha pasado, tratas de hacer algo para recomponer las horas, los días mal gastados, improductivos, llenos de frivolidades.

Intentas entonces hacer preguntas, grabar expresiones, corroborar historias, imaginarlas y contextualizarlas, en eso estuve los últimos tres años con mi madre, con Teo, mientras convalecía de una terrible enfermedad: encefalopatía hepática; complicación que produjo una mala praxis médica hace poco más de  30 años durante una operación donde se uso sangre contaminada con Hepatitis C.

En las siguientes líneas y escritos intentare relatar la extraordinaria historia de mi mamá, historia de victorias, frustraciones, vivencias, enseñanzas, equivocaciones, de todo lo que alguien que viva plenamente pueda pasar.

Esta es una manera de homenajear a esta mujer maravillosa, digna de un libro y que seguro es un reflejo de tantas mujeres nacidas en la década de los cincuenta en Venezuela.

Pueblo Nuevo del Sur, miseria y machismo.

La conducta social de una época es estudiada por sicólogos, historiadores y demás amantes del “querer entender las cosas”, pero además es reflejada por productos propios de su tiempo; no hay mejor manera de visualizar lo que era la Venezuela del siglo pasado que viendo una película mexicana de las décadas 40, 50 y 60, además es necesario leer el libro de Francisco Herrera Luque intitulado Los Viajeros de Indias (1969) donde el autor describe con pelos y señales el posible origen de las interacciones culturales de nuestros países latinoamericanos, hace entrever que gran parte del subdesarrollo de nuestros países latinoamericanos proviene de una   “herencia indeseable” que aportaron los conquistadores españoles.

De niño, cuando empecé a entender que es un abuelo y una abuela, pregunte varias veces a mis padres  ¿por qué solo tengo un abuelo y una abuela?, o como nos enseñaron a decirles, ¿por qué tengo solo un nono y una nona?. La respuesta vino ya de grande, atando cabos y conductas comprendí que la miseria y el machismo son culpables de tantos conflictos sociales y materiales (“herencia indeseable” de los españoles), que afortunadamente Teo logro atajar y revertir, suerte que otras familias, otras mujeres de su época no tuvieron.

Tío Jacinto, el hermano mayor.

En 2006 murió Tío Jacinto, el hermano mayor de Teo, un desafortunado accidente de tránsito en las aldeas de Pueblo Nuevo del Sur le arrebato su aliento vital.

De pequeños íbamos con mamá a Pueblo Nuevo, a Los Amarillos y Corral de Piedra, nos quedábamos en casa de tío Jacinto, él nos recibía con mucho cariño, era un campesino absoluto, en su forma de hablar, interactuar, reflexionar, todo llevaba una profunda identidad cultural campesina-andina.

Teo nos avisa de la muerte de tío y decido acompañarla para despedirlo a su última morada, nos busca un vehículo 4×4, Toyota techo duro de cabina larga, lleno de polvo y con olor a tierra, el “miche claro” no falto en el largo viaje de casi 3 horas de Mérida a Pueblo Nuevo del Sur.

Llegamos al funeral y pasamos una noche compartiendo con Elodia (su mujer) y los hijos, al otro día se me ocurrió preguntarle a Teo donde había nacido, luego de cumplir con el desayuno  le insistí para que me llevará al sitio, ella accede.

Salimos de la casa de tío Jacinto y nos internamos por un camino a orillas de la montaña, al fondo, después de pasar el viejo trapiche de tío se empezaba a visualizar una estructura semiderruida, una especie de pared de bahareque con un techo de zinc oxidado. No recuerdo cuanto tiempo paso pero al llegar frente a las paredes de lo que desde afuera parecía un cuartucho de no más de 15 metros cuadros, mamá nos dice a quienes la acompañamos:

Aquí nacimos y crecimos, en este ranchito

Por un momento nadie hablo, hubiese querido conocer lo que pensaba mi mamá al mirar 50 años después ese lugar lleno de recuerdos con su madre, con mi otra nona.

Yo intentaba recrear tantos cuentos, historias, relatos que salían de mamá y mis otros tíos sobre el lugar donde habían pasado sus primeros años de vida, la mayoría de los cuentos no eran de felicidad, tenían que ver con hambre, fantasmas, miedos, miserias, dolor, violencia.

Un relato  que recuerdo es aquel que le oí a mi mamá y que describía el nivel de pobreza extrema en que vivían,

teníamos que cocinar piedras con un poquito de sal, porque no teníamos nada para comer

 o esta, donde entre la incredulidad y el folclorismo mi mamá relata como una vez mi tío

Andrés entro al rancho y quedo mudo, él decía que le habían hablado en la oreja, esa era una bruja, la misma que le tejía a los caballos su cabellera en las noches, porque cuando amanecía los caballos tenían una crineja.

Teo fue una víctima de la miseria de la Venezuela de los años 50, esa misma que se mostraba ante el mundo con una moneda fuerte y una economía solida, porque el único presidente venezolano que ha ocupado la portada de la revista influyente y aristocrática TIME en el siglo pasado fue Pérez Jiménez en la edición de febrero de 1955. Se quería mostrar una Venezuela prospera, influyente, democrática, al mismo tiempo se ocultaba la Venezuela pobre, miserable, esa que pudo haberle ganado con ventaja a las miserias descritas por Victor Hugo en la extraordinaria novela francesa Los Miserables.

Portada revista TIME Febrero 28 de 1955

Pero Teo no fue la única víctima, también lo fue su madre, mi nona María del Rosario, campesina condenada a la pobreza extrema por el machismo de una sociedad que amparaba la sinverguenzura de un hombre casado, Don Pablo Quintero, con buena posición económica pero con un nivel de responsabilidad nulo.

Don Pablo nunca quiso reconocer a sus hijos con María del Rosario, ni con ninguna otra mujer que se rumoreaba en el pueblo, tenía. Su estatus social le impedía hacer lo justo, la ignorancia y las precarias leyes le avalaban su actitud y ser como Don Pedro le hacía vivir una vida de películas mexicanas, el macho de pueblo que enamora, canta y dispara.

5 de Marzo de 1950, domingo, horas de la mañana, María del Rosario trae al mundo a Teófila, segunda de 8 hijos, en la aldea Corral de Piedra, Los Amarillos, Pueblo Nuevo del Sur.